Quinto día de la Hoja Tardía del año 1262

Tras la pista de los contrabandistas

Los aventureros llegan hasta la casa de Haroldo el Montaraz y lo interrogan. Parece un tipo raro, de higiene laxa y sin mucha vida social, pero, según les cuenta, ha estado investigando por su cuenta el campamento de los mercenarios y estuvo haciéndose pasar por alguien interesado en adquirir artículos robados para poder infiltrarse y llegar hasta el fondo del asunto.

Lleva varias noches reuniéndose cerca de los campos y, tras la persecución de la guardia del gobernador después de que el complot fuera desbaratado por nuestros héroes, Haroldo está seguro de que los mercenarios se presentarán esta noche en el punto de encuentro para vender lo que puedan antes de de huir. Así, Adler, Delerion y Haroldo se disponen a emboscar a los mercenarios en el punto de encuentro.


¿Quién es Haroldo el Montaraz?

La Taberna del Cantor Alegre resulta ser un lugar bastante animado. Adler y Delerion se dirigen a la barra para pedir unos tragos y, entre trago y trago y con unas monedas de por medio, les revela que todos en el pueblo sospechan de que Haroldo el Montaraz ha estado haciendo tratos con los contrabandistas. Se lo ha visto de noche reuniéndose cerca de los cultivos con algunos de los falsos aventureros del campamento. Se trata de un tipo raro que se dedica a cazar animales en los bosques y vender sus pieles. Vive en una casucha alejada al suroeste.


El comerciante acaudalado

Antes de partir deciden ir arriba a ver las habitaciones que el gobernador les ha cedido en la taberna y se encuentran ahí con un comerciante acaudalado llamado Armando Cortez que está en el pueblo para cerrar algunos negocios antes de partir. Éste les pide ayuda con un asunto que tiene con los contrabandistas, quienes lo están intimidando para que les ayude a colocar los productos robados en el mercado de su ciudad. Ofrece una generosa recompensa para que le permitan librarse de esa amenaza a su vida para poder partir. El comerciante resulta hermano de Diego, el guardia que los ha estado ayudando.


Tras la pista de los contrabandistas

Los aventureros llegan hasta la casa de Haroldo el Montaraz y lo interrogan. Parece un tipo raro, de higiene laxa y sin mucha vida social, pero, según les cuenta, ha estado investigando por su cuenta el campamento de los mercenarios y estuvo haciéndose pasar por alguien interesado en adquirir artículos robados para poder infiltrarse y llegar hasta el fondo del asunto. La primera impresión no es muy positiva, especialmente teniendo en cuenta los rumores que ya les han comentado los campesinos con los que han hablado, y ni su pinta ni la de la casucha donde viven hacen mucho por mitigar ese problema. Sin embargo resulta ser un tipo bastante cordial que hasta parece inusitadamente ansioso por compartir detalles sobre lo que él considera que es una conspiración más grande que sólo Valverde del Río.

Según les cuenta, lleva varias noches reuniéndose cerca de los campos con los malandrines, haciendo algunos negocios pequeños para ganarse su confianza. Los bandidos saquean baratijas de las existencias del gobernador que venden por fuera del trato que tienen con sus jefes para hacer una diferencia.

Ahora, tras la persecución de la guardia del gobernador después de que el complot fuera desbaratado por nuestros héroes, Haroldo está seguro de que los mercenarios se presentarán esta noche en el punto de encuentro para vender lo que puedan antes de de huir. Así, Adler, Delerion y Haroldo se disponen a emboscar a los mercenarios en el punto de encuentro.


Reunión a la medianoche

Los aventureros acompañan a Haroldo hasta el punto de reunión en los campos de Valverde del Río. Se esconden a cierta distancia y esperan a que aparezcan los contrabandistas que todavía quedan en el pueblo. Al cabo de un rato aparecen tres figuras entre el trigo alto. Haroldo mantiene una conversación para sacar toda la información que puedan antes de que los maleantes desaparezcan. Entonces, da la señal acordada y el plan se pone en marcha.

Delerion invoca una mano etérea que empieza mover el trigo alrededor de los contrabandistas mientras Adler proyecta su voz resonando en todo el campo con una profundidad ominosa. Los bandidos empiezan a incomodarse y finalmente emprenden la retirada pero son reducidos por el trío. Los atan, les confiscan sus pertenencias y Haroldo les dice que pueden llevarlos a la guardia para recoger una recompensa, parece que es otra de las actividades económicas habituales del montaraz. Además, Haroldo ha conseguido información clave, una balsa va a pasar la próxima noche para recoger a los contrabandistas que quedan y llevarlos hacia el campamento enemigo.


El Libro Guardián

Sexto día de la Hoja Tardía del año 1262

Los aventureros entregan a los bandidos a la guardia y se reparten la recompensa. Aprovechan para ir a hablar con don Alarico para ponerlo al día y comentarles sobre el viaje que están a punto de emprender y la arriesgada misión en la que se van a embarcar. El gobernador les ofrece la ayuda que necesiten para prepararse y Delerion aprovecha para pedir que le preste el libro del linaje que tiene en el pedestal. Quiere examinarlo con más detalle porque le parece una pieza intrigante para su curiosidad intelectual. No sin cierta aprehensión, don Alarico accede pero pide que lo devuelvan cuanto antes ya que es una reliquia muy importante que no sólo tiene valor familiar, sentimental y monetario, también es la base de su reclamo y el de sus herederos a las tierras de los Belmonte. Les comenta también que había mandado a restaurar el libro aunque, al parecer, el restaurador tenía que conseguir algunas joyas que no tenía en aquel momento. Deciden llevarle el libro a Emilio el Herbolario y éste les revela que efectivamente es más de lo que parece, el libro es de la época de la civilización desaparecida de Aeloria y parece que contiene un poderoso conjuro guardián que protege al pueblo. Sin embargo, parece que el conjuro está escrito en una lengua arcana desconocida y parece estar incompleto.

Suponiendo que las gemas faltantes pueden tener algo que ver, se dirigen a la casa del restaurador para ver si pueden conseguir que termine con el trabajo para poder descubrir el conjuro que oculta el libro. Antes de marcharse, le piden al herbolario que los acompañe al campamento, pero éste les revela que no va a compartir el mismo espacio que Haroldo, así que, si quieren que él vaya, tendrán que dejar atrás al montaraz al quien describe con palabras muy poco amables.


En la casa del restaurador

Llegan a la casa del restaurador que se encuentra a pocos metros de donde vive Emilio. Ahí les abre la puerta una vieja criada que les informa que el restaurador todavía está de viaje buscando las gemas para terminar el trabajo con el libro de don Alarico. Delerion, entonces, despliega todas sus habilidades diplomáticas y un talento inesperado para encantar a señoras mayores. Les sirve una buena comida y los invita a volver en uno o dos días para encontrar a su señor.

Pero no tienen tiempo para esperar, tienen que partir esa misma noche a enfrentar a los mercenarios y la magia del libro podría ser de gran ayuda en la misión, así que recorren los alrededores de la casa y dan con una entrada a un sótano en la parte trasera. La puerta está cerrada con un candado que podrían forzar, solamente necesitarían una distracción para asegurarse de que la criada no los encuentre con las manos en la masa.


Un juego de distracciones

Adler se dispone a forzar el candado mientras Delerion habla alegremente con la anciana. Mientras el mago come tarta y escucha con teatral fascinación la receta secreta de la mujer, el clérigo hace un trabajo magistral con la cerradura y entra en el sótano. Ahí se encuentra con un estudio improvisado donde hay cientos de libros y documentos sobre el Libro Guardián, su magia y las joyas que completan el sello en la tapa.

Adler reúne los documentos con diagramas sobre el conjuro y las runas arcanas que podrían ayudarlos a restaurar la magia del libro. Sale del lugar con el botín y da la señal para que Delerion llamé la atención de la anciana y la lleve al sótano. Al llegar a la puerta, ambos se sorprenden al ver la cerradura forzada y entran al recinto para verificar que no falte nada. Mientras tanto, Adler revisa las pertenencias del restaurador y da con un cofre lleno de todo tipo de joyas. Toma un diamante de buen tamaño con la intención de usarlo para revivir al hijo del leñador cuando pueda conseguir un pergamino. Deja el cofre y da nuevamente la señal para que Delerion deje a la mujer en paz y puedan seguir con su misión.


Trabajo de infiltración

Aunque no han conseguido las joyas que necesitaban para restaurar la magia del libro, tienen algunas respuestas y una apremiante misión por delante. Cuentan también con las pertenencias de los bandidos para hacerse pasar por ellos cuando venga la balsa a buscarlos. Reúnen los pertrechos necesarios, hablan con el gobernador para ponerlo al día de todo lo que ocurre y recibir alguna ayuda y, al caer la noche, están en el punto de encuentro.

La balsa arriba al lugar y el engaño resulta casi inesperadamente efectivo. Adler y Delerion se hacen pasar por los bandidos y Haroldo hace creer que ha aceptado unirse a los mercenarios del Reino del Sur e irá al campamento a presentarse para ser reclutado formalmente. Usando medios mágicos, disfrazan su apariencia para verse exactamente igual a los bandidos derrotados.


El campamento de los mercenarios

Séptimo día de la Hoja Tardía del año 1262

Cerca del amanecer, los aventureros ven el resplandor de hogueras y antorchas y poco a poco se materializa una imponente empalizada en el horizonte, estratégicamente construida en un delta donde el Río Verde se bifurca y sale el Río Áureo, el brazo que se hunde en las colinas más allá de la frontera entre los reinos del Norte y del Sur. Todavía es de noche cuando el barquero ata la balsa a un muelle improvisado pero les queda poco tiempo antes de que empiece a alumbrar el sol.

Escoltados por el barquero, se dirigen a la puerta y el plan sale viento en popa. Les abren las puertas y se presentan como los bandidos que estaban esperando, acompañando a Haroldo, el nuevo recluta. Pese a las suspicacias, un bandido con alguna jerarquía los estudia de arriba abajo pero finalmente los deja pasar. Avanzan hasta una zona donde les hacen un breve interrogatorio que consiguen sortear usando pura labia. Sin embargo, cuando tienen que presentarse ante el capitán Zafir, un tieffling que huele el engaño y parece percibir el encantamiento que transforma su apariencia.


El Capitán Zhafir

Los aventureros se presentan ante el capitán Zhafir. Es un tiefflin de actitud socarrona, aunque de inmediato se dan cuenta que bajo esa máscara está analizando cada gesto, cada movimiento de los supuestos contrabandistas. Se acerca con movimientos felinos y se pone apenas a unas pulgadas del rostro de Adler, traspasándolo con sus penetrantes ojos oscuros. Casi podrían jurar que ha descubierto el disfraz y están ya esperando que se desate el combate. Entonces el bandido se aleja y vuelve a tomar su puesto entre sus hombres.

Lejos de delatarlos, atacarlos, aprisionarlos o lo que sea, parece seguirles el juego. Les informa que va a poner a Haroldo en una de las celdas del campamento hasta que puedan llevarlo ante Viktor Salazar, el jefe, y les indica que se pueden retirar. Adler y Delerion no esperaban aquello, debían llegar hasta el nigromante junto con Haroldo, ahora no saben qué podría pasar. Intentan recurrir nuevamente a su labia para convencer al tieffling de que el montaraz es su prisionero y que ellos tienen que presentarlo ante el jefe, pero Zhafir cambia su postura, se borra todo amago de sonrisa de su rostro y su porte deja clara su jerarquía y entonces les pide que repitan la palabra clave.

Los aventureros están acorralados, no saben con certeza si existe realmente una palabra clave o si es algo que el bandido se acaba de inventar, pero cualquier error podría ser el fin de su viaje.


La amistad de Haroldo

Vistos entre la espada y la pared, Adler y Delerion toman la oportunidad que les da el capitán de seguir respirando y acceden a llevar a su amigo hasta las celdas del campamento. Dentro de una de las carpas meten a Haroldo en la celda y cierran con llave, pero el montaraz aprovecha el momento para hacerles una revelación entre susurros: consiguió robar una copia de la llave de uno de los mercenarios. Traza un plan: él se quedará en la celda mientras ellos se encargan de los mercenarios sigilosamente y buscan la manera de crear una distracción.

Cuando se desate el caos, Haroldo saldrá de su celda y se unirá al grupo y verán si tienen posibilidad de llegar hasta el nigromante y vuelven en busca de refuerzos. El mago y el clérigo se alejan con pesar. No son detenidos por nadie en su camino, pero las fuerzas de los mercenarios son muchas, la empalizada es grande y desconocen toda la disposición. Toman una decisión drástica: se van a escabullir hasta la balsa y van a volver a Valverde del Río a buscar la ayuda de Emilio. Esperan que pueda superar su antipatía por Haroldo ante la urgencia de salvar la vida del montaraz. Así, se alejan del campamento mercenario río arriba con las primeras luces del alba.